Queridos antiguos alumnos y alumnas jóvenes: Desde que en el Encuentro Nacional Joven de 2014 formo parte de la junta gestora nacional joven, llevo meses dándole vueltas a nuestro futuro y a lo que se habla y se aconseja desde Juntas Locales, Regionales y la Confederación Nacional acerca de ese nuestro futuro.
Este año celebramos el bicentenario del nacimiento de nuestro patrón, San Juan Bosco. Se ha querido que en las asociaciones se vuelva a los jóvenes, se reorganicen los grupos y circule la vida, tomen en sus manos cada vez más responsabilidades. Pero la realidad es que no es así. Y por eso me dirijo a todos los jóvenes de nuestras asociaciones y os llamo a reflexionar acerca de qué nos está pasando, por qué estamos parados, qué tenemos que hacer. También os pido que tengamos la humildad de aprender de todos, de escuchar sus puntos de vista y de pedir ayuda.
Y para despertar la reflexión que os pido, os cuento esta pequeña historia, que he encontrado en la red:
‘‘Hubo un gran violinista genovés llamado Niccoló Paganini (1782.1840). Algunos decían que era una persona extraña. Otros, que había en él algo sobrenatural. Las notas mágicas que salían de su violín tenían un sonido diferente, y por eso nadie quería perder la oportunidad de verlo tocar.
Una noche, el auditorio estaba repleto de admiradores preparados para recibirlo. La orquesta entró y fue aplaudida. El director entró y recibió una gran ovación. Pero cuando la figura de Paganini surgió, triunfante, el público deliró. El violinista se colocó el instrumento en el hombro y lo que siguió fue indescriptible: Blancas y negras, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecían tener alas y volar al toque de aquellos dedos encantados.
De repente, un sonido extraño interrumpió el ensueño de la platea: una de las cuerdas del violín de Paganini se había roto. El director paró. La orquesta se calló. El público estaba en suspenso. Pero el maestro Paganini no se detuvo. Mirando su partitura, continuó extrayendo sonidos deliciosos de su violín atrofiado. El director y la orquesta, admirados, volvieron a tocar.
Cuando el público se tranquilizó, de repente otro sonido perturbador atrajo su atención. Otra cuerda del violín se rompió. El director y la orquesta pararon de nuevo, mas Paganini continuó como si nada hubiera ocurrido. Impresionados, los músicos volvieron a tocar.
Pero el público no podía imaginar lo que iba a ocurrir a continuación. Todos los asistentes, asombrados, gritaron un "¡oohhh!" que retumbó por la sala: otra cuerda del violín se había roto. El director y la orquesta se detuvieron. La respiración del público cesó. Pero Paganini seguía: Como un contorsionista musical, arrancaba todos los sonidos posibles de la única cuerda que le quedaba al destruido violín. El director, embelesado, se animó, y la orquesta volvió a tocar con mayor entusiasmo. El público iba del silencio a la euforia, de la inercia al delirio.
Paganini alcanzó la gloria, y su nombre corrió a través del tiempo. No fue solo un músico genial, sino el símbolo del profesional que continúa adelante aun ante lo imposible.”
Paganini alcanzó la gloria, y su nombre corrió a través del tiempo. No fue solo un músico genial, sino el símbolo del profesional que continúa adelante aun ante lo imposible.”
Queridos amigos y amigas: Cuando todo parece derrumbarse, démonos una oportunidad y sigamos adelante. Despertemos al Paganini que existe en nuestro interior.
Los jóvenes debemos ser quienes ayudemos a las asociaciones a salir al encuentro de los jóvenes de nuestro y de sus necesidades.
Daniel Alves Rivera



